Palabra de poeta (I)
¿No os ha pasado nunca que, leyendo poesía, empezáis a notar que ciertas palabras se repiten con frecuencia inusitada? No me refiero a palabras como “yo”, “tú”, “luego” y demás; hablo de palabras más o menos particulares, como pueden ser “rosa”, “barco” o “árbol”. Por supuesto, es imposible escribir sin acabar repitiendo palabras, ¡el léxico de una lengua es grande pero no infinito! Sin embargo, he notado que cada autor acaba usando a menudo ciertas palabras concretas que, cuando se han leído 10, 20 poemas, acabas diciendo “esta comparación me suena de algo”. Y no estoy hablando de palabras que se refieran al tema del que trata el libro, o a temas que se repiten en cada autor. Son, literalmente, palabras (en realidad, aquí hablaré de una sola palabra por escritor) que parecen crear una especie de leitmotiv en la obra del autor. Hablaré de varios autores y mostraré algunos de los poemas en que aparece “su palabra”. Luego seguiré con la reflexión, pues el hecho de que veais a lo que me refiero lo explicará mucho mejor que yo.
Luis Cernuda

Empiezo por el poeta sevillano porque fue con leyéndole a él con quien me vino la idea de las repeticiones. Cernuda es un poeta cansado del mundo, de las barreras sociales, y, en general, su poesía es bastante agridulce. Por eso es comprensible que utilice la palabra hastío en muchos de sus poemas. Ahí van varios extractos (no los poemas enteros) en los que aparece.
Elegía
¿Y qué esperar, amor? Sólo un hastío,
El amargor profundo, los despojos.
Llorando vanamente ven los ojos
Ese entreabierto lecho torpe y frío.
Daytona
Hubo un día en que el día no engañaba,
En que sus manos tristes no sostenían un cuervo
Indiferente como los labios de la lluvia,
Como el rojizo hastío.
Eras, instante, tan claro…
La llama tuerce su hastío,
sola su viva presencia,
y la lámpara ya duerme
sobre mis ojos en vela.
Te quiero
Te quiero.
(…)
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.
El amante espera
Tantos años vividos
En soledad y hastío, en hastío y pobreza
Trajeron tras de ellos esta dicha,
Tan honda para mí, que así ya puedo
Justificar con ella lo pasado.
En soledad. No se siente…
En soledad. No se siente
El mundo, que un muro sella;
La lámpara abre su huella
Sobre el diván indolente.
Acogida está la frente
Al regazo del hastío.
¿Qué ausencia, qué desvarío
A la belleza hizo ajena?
Tu juventud nula, en pena
De un blanco papel vacío.
Bien, y lógicamente hay más por el estilo, no es cuestión de hacer un post kilométrico (tal vez lo divida en dos por comodidad). Este hastío cernudiano lo hace distinto a cualquier autor, del mismo modo que otros detalles hacen únicos a otros. Es un autor que disfruto mucho leyendo, y en cierto modo, encontrarte de vez en cuando con dicha expresión hace que te sientas, por decirlo así, “en casa”: no necesitas saberte el poema de memoria ni mirar el autor para saber que estás leyendo a Luis Cernuda y no a cualquier otro (genial) poeta de la generación del 27.
Federico García Lorca
Y hablando de poetas del 27, ahí va uno de los más representativos. Antes de nada, he de decir que aún he leído poco a Lorca, o por lo menos poco comparado tanto con el conjunto de su obra como con Cernuda (pues de este último poseo una antología y de Lorca tan sólo algunos poemas sueltos). En cualquier caso, después de haber leído unas cuantas poesías, me di cuenta de una imagen que se repetía en varios de ellos: la sangre.
Zarzamora con el tronco gris…
Sangre y espinas. Acércate.
Si tú me quieres, yo te querré.
Deja tu fro verde y sombra
sobre mi lengua, zarzamora.
Muerto de amor
Sólo por los corredores
las cuatro luces clamaban
con el furor de San Jorge.
Tristes mujeres del valle
bajaban su sangre de hombre,
tranquila de flor cortada
y amarga de muslo joven.
Thamar y Amnón
Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda.
Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda,
avispas y vientecillos
en doble enjanmbre de flautas.
Gacela primera. Del amor imprevisto
Siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Llagas de amor
este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea,
este peso del mar que me golpea,
este alacrán que por mi pecho mora.
Noche del amor insomne
La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.
Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.
Creo que voy a dividir la entrada que tenía originalmente pensada en varias. No llevo más que dos autores y ya es un post considerablemente largo, y me impide ir escribiendo otras cosas, así que ahí va la primera parte de Palabra de poeta. La continuación, próximamente, si los hados así lo desean…
Est sularis oth mithas

primeralluvia dijo:
12 Agosto, 2008 a 3:47 am
Mi honor es mi vida: Muy bello, todolodemas. Interesante post, además, volveré por la continuación.
Rosalie dijo:
12 Agosto, 2008 a 2:40 pm
No sólo la sangre: Lorca es de colores (verde y morado), la luna, el viento, los caballos…. a mí me encanta por su simbología, casi hubiera preferido estudiarle a él en vez de a Juan Ramón Jiménez en Teoría de la Literatura, pero no pudo ser, espero poder profundizar en Lorca pronto, de todas formas. Juan Ramón, ahora que lo pienso, tiene una fijación curiosa por las rosas, las mariposas amarillas y los árboles :P.
Espero la próxima entrega, caballero, curiosa actualización ;) y muy buena la idea, ¡nos leemos!
Iris dijo:
12 Agosto, 2008 a 7:29 pm
En lo de la sangre no me había fijado, pero sí en luna, lo repite siempre y me encanta…
Ale, paqueveausté que hago caso de su publicidad floguera y todo!