Esperando a Godot
Tenía en mente otras cosas que escribir desde hace tiempo, pero ahora no puedo evitar hacer una pequeña recomendando una genial obra de teatro que acabo de concluír: “Esperando a Godot” (os linko la obra en .pdf) de Samuel Beckett . He de decir que hasta ayer por la noche no conocía a este escritor irlandés más que de oídas. La cuestión es que ayer estuve mirando un artículo acerca del libro “Genios” de Harold Bloom, en el que el afamado crítico realiza un ensayo sobre los genios de la literatura universal y elabora una lista con 100 de ellos. Empecé a buscar información sobre algunos de los que menos conocía (o no conocía en absoluto), y, entre Shakespeare, Borges, Blake, Goethe o Cernuda (cuya inclusión me sorprendió gratamente), estaba Beckett.
La obra, curiosamente escrita en francés (“En attendant Godot“), se enmarca del llamado teatro del absurdo; el libro que he cogido prestado de la biblioteca incluye algunas otras obras de este movimiento, así que os informaré acerca de lo que me ha parecido. En cualquier caso, “Esperando a Godot” es, efectivamente, muy absurda. Creo que la opinión de Vivian Mercer la condensa perfectamente:
“(Beckett) has achieved a theoretical impossibility—a play in which nothing happens, that yet keeps audiences glued to their seats. What’s more, since the second act is a subtly different reprise of the first, he has written a play in which nothing happens, twice.”
En definitiva, es una obra en la que nada pasa. Dos veces. Y aun así (o tal vez por justo por ello), es absolutamente brillante y genial. No quiero revelar detalles acerca de la trama (la cual, en cualquier caso, es totalmente inexistente), pero creo que es difícil crear una obra tan abierta a interpretaciones, y que a la vez, entretenga, llegando, en momentos, a ser incluso cómica (es difícil no ver conexiones con el Gordo y el Flaco o los Hermanos Marx).
¿Principal tema tratado? Depende de a quien le preguntes. Unos dirán que Godot es Dios (postura que siempre contradijo el propio autor). Otros, que es una crítica a la represión burguesa. Algunos la explicarán como una elaborada metáfora freudiana. Si se me pregunta, coincidiré con el punto de vista que ninguno negará: la total carencia de significado de la existencia. O tal vez sea simple y llanamente una comedia absurda y sin sentido.
Lean, señores. Disfrutarán de esa tragicomedia en dos actos, se lo aseguro.
VLADIMIRO.-Entonces, ¿nos vamos?
ESTRAGÓN.-Vámonos
(No se mueven.)
Est sularis oth mithas
